jueves, 25 de noviembre de 2010

Hugo Hiriart: "DONDE SE PLANTEA UNA CUESTIÓN, Y SENTENCIA QUE FUE DADA EN ALEJANDRÍA"

"Este cuento, como dijimos, es de autor anónimo y fue escrito en Florencia a fines del siglo XIII. Me parece que su tema tiene mucho qué ver con la imaginación. 

En la Alejandría que está en Rumania (ya que hay 12 Alejandrías), fundada por Alejandro en marzo, antes de que muriese, en el barrio donde están los sarracenos y venden sus fritangas, un día lunes, un cocinero mahometano, que tenía por nombre Fabratto, se hallaba en su cocina cuando llegó un pobre sarraceno con un pan en la mano. No tenía dinero para comprar nada y puso su pan encima del caldero para que recibiera el humo que de ahí salía. Lleno de deleite mordía el pan ahumado por el humo del manjar que estaba cocinándose en el caldero, y así lo comió todo. Este Fabratto no había vendido bastante por la mañana, túvolo por mal agüero, y con disgusto atrapó al pobre sarraceno y le dijo: 
- Págame lo que has tomado de lo mío.
El pobre respondió: 
- No he tomado de tu manjar otra cosa que humo.
- De lo que cogiste, págame - vociferaba Fabratto.

Identidad de la imagen, 1998. Manuel Felguérez
Tanta fue la disputa que, por no haber ocurrido nunca antes un pleito de esta naturaleza, llegó al Soldán. Éste, por la mucha novedad del caso, reunió a los sabios. Se trabó pleito. Los sabios sarracenos comenzaron a sutilizar. Uno sostenía que el humo no era del cocinero y aducía que: el humo no se puede retener, se convierte en olor que carece de sustancia y de propiedad alguna que sea útil, y no debe, pues, pagarse. Otro decía que el humo está unido al manjar; de él depende y se genera de sus propiedades, el cocinero vende su mercancía, si se toma el humo se debe, pues, pagar. Hubo muchos pareceres. Finalmente un sabio impuso su consejo diciendo:
- Puesto que el cocinero está para vender su mercancía y el otro para comprarla, tú, justo señor, haz que pague justamente su valor. Si cuando el cocinero vende una útil propiedad del manjar, se le paga con útil moneda, ahora que ha vendido humo, que es la parte inútil de la cocina, haz, señor, sonar una moneda, y juzga que tenga por pago el sonido que de ella sale. 
Y así sentenció el Soldán que fuese observado.

¿No te recuerda esto a la imaginación?"

Hugo Hiriart, Los dientes eran el piano. Un estudio sobre arte e imaginación, México, Tusquets, 1999. ISBN 968772383-1

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