domingo, 12 de junio de 2011

EL CLUB DE LOS OPTIMISTAS INCORREGIBLES

"Hoy entierran a un escritor. Es como una última manifestación. Un gentío inesperado, silencioso, respetuoso y anárquico bloquea las calles y los bulevares en los alrededores del cementerio de Montaparnasse. ¿Cuántas personas habrá? ¿Treinta mil? ¿Cincuenta mil? ¿Menos? ¿Más? Dirán lo que quieran, pero que vaya gente a tu entierro es algo importante. Si a este escritor le hubiesen dicho que iba a haber tanto barullo no se lo hubiera creído. Le habría dado risa. Es un asunto que no debía de tenerlo nada preocupado. Lo que pensaba es que lo enterrarían deprisa y corriendo doce fieles y no que lo enterrasen con los honores de un Hugo o un Tolstói. Nunca se había visto en esta mitad del siglo que tanta gente acompañase a un intelectual. Es como pensar que era alguien indispensable o que concitaba la unanimidad. ¿Por qué están aquí estas personas? Por lo que de él sabían, no habrían debido venir. Qué cosa más absurda homenajear a un hombre que se equivocó en todo o en casi todo, que fue por el camino errado con constancia y empleó su talento en defender lo indefendible con convicción. Más les habría valido asistir a las honras fúnebres de los que estaban en lo cierto, a quienes él despreció y derribó envueltos en llamas. Nadie se movió de casa por ellos." 

"El silencio era inherente al Club. En realidad no era tanto el silencio lo que buscaban cuanto la tranquilidad. Se oía cómo avanzaban las piezas por el tablero, las respiraciones y los hondos suspiros, los cuchicheos ahogados, los chasquidos de dedos, las risas sarcásticas de los vencedores, el roce de las páginas de periódico y, de vez en cuando, los ronquidos acompasados de un jugador dormido. Hablaban, acercándose unos a otros hasta tocarse. Sólo el movimiento de los labios y el gesto de arrimar el oído hacían pensar en una conversación. Algunos tenían además la costumbre de ponerse la mano delante de la boca para disimular la charla. Había que acostumbrarse a aquel cuchicheo que les daba pinta de conspiradores. Ígor decía que era una costumbre que traían de allí, del otro lado del mundo, donde la mínima palabra podía mandarlo a uno a la cárcel o al cementerio, donde tenías que desconfiar de tu mejor amigo, de tu hermano, de tu sombra. Cuando uno de ellos alzaba la voz, se quedaban sorprendidos. Tras un segundo que les recordaba que estaban en París, como un allegro, se desmelenaba."

"Muchas veces, tras muchas peregrinaciones, habían llegado a Francia en donde les habían concedido asilo político. Aquí andaban mejor las cosas que en los países de los que los echaban. Ésta era la patria de los derechos del hombre siempre y cuando te callaras la boca y no pidieras demasiado." 

Jean-Michel Guenassia, El club de los optimistas incorregibles, Barcelona, RBA Libros, 2010. ISBN 978-84-9867-828-4

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"Michel Marini, fotógrafo aficionado, lector compulsivo y jugador de futbolín en el café Balto de la plaza de Denfert-Rochereau, en Paris, tenía doce años en 1959. Eran los tiempos del rock and roll y de la guerra de Argelia. En la sala de atrás de ese café, que Kessel y Sartre frecuentaban, Michel conoce a Ígor, Léonid, Sacha, Imré y al resto de integrantes del círculo de los optimistas incorregibles, hombres que habían cruzado el Telón de Acero para salvar el pellejo, que dejaron atrás sus amores, su familia, que traicionaron sus ideales y todo cuanto eran. [...] Retrato de una generación, El club de los optimistas incorregibles reconstruye minuciosamente toda una época y sus ideales." 

Editorial
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Opinión: 
La ironía, la sorpresa y la nostalgia no se limitan al sugerente título con el que este abogado y guionista de televisión, Jean-Michel Guenassia, nos introduce a un mundo que solo unas cuantas décadas atrás soñó, vivió y construyó las más notables utopías sociales. Este bello libro nos recuerda una época vibrante de deseos y de descarnado olvido en la que una generación se debate entre la brutalidad de la demagogia política y el optimismo incorregible de los intelectuales europeos : el mundo que verá nacer la guerra fría. 
Lectura muy recomendable de este Premio Goncourt des Lycéens 2009.

Johanna L. 

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